El Lamento del Drakwald (contado por Tom el Errante)

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El Lamento del Drakwald (contado por Tom el Errante)

Postby Arendal » Thu Apr 05, 2012 3:58 pm

Me llamo el Errante y seguramente hayas oído hablar de mí.

Muchos cuentos se cuentan sobre mi historia, pues cada madre, en cada pueblo, la narra de forma diversa.
El nombre con el que seguramente me conozcas es Tomas y seguramente creas que soy una leyenda, un cuento de viejas, una historia que las madres cuentan a sus hijos para meterles miedo y que no se adentren solos en el bosque… Quizá lo hayas adivinado ya.
Es posible incluso que creas que todo aquello sucedió en realidad y que estoy muerto.

Pero no lo estoy.
Estoy vivo. Soy real. Yo soy Tomas el Vagabundo.

Pero al contrario de cómo se cuenta en los cuentos… yo maté a la bestia. Yo quebré sus huesos con mis brazos desnudos, armado con la espada del miedo, protegido por la armadura del horror. La vi mirarme con sus ojos malignos y me quedé paralizado por el terror. La vi avanzar hacia mí con una siniestra sonrisa en aquellas fauces llenas de afilados colmillos. Sentí su aliento fétido sobre mi rostro. Vi mi muerte reflejada en la noche eterna de sus ojos…
…y sin embargo, fue ella quien murió.
No sabría explicar cómo sucedió. A pesar de que el tiempo, y los años transcurridos han arrojado algo de luz sobre lo que aconteció en aquel instante. Recuerdo la llamada de Morrslieb, recuerdo el sabor de la sangre en mis labios, recuerdo el crujido de los huesos, y recuerdo sobrevivir. Prevalecí sobre la bestia. La derroté y alcé mi voz hacia al cielo estrellado con un rugido inhumano.

Esta es la verdad. Esta es la historia que no has oído.

Yo soy Tom el Errante.

Yo, soy la Bestia.


_______________________________________________________________


Como en otras ocasiones, abro un hilo para contaros las andanzas de mi banda en las calles de Atalheim.
En el club se aproxima el momento de comenzar una nueva campaña, y a pesar de que tengo menos tiempo que en otras ocasiones, y que las anteriores ligas me dejaron un sabor agridulce... el esfuerzo y la ilusión que Lemariont le pone a este juego acaban contagiando con facilidad.
Así que aquí me tenéis.

En esta ocasión he decidido jugar con una banda de Hombres Bestia, cuyas reglas aparecen en Imperio en Llamas.
Sus éxitos y fracasos serán lo de menos. Lo importante, amigos, lo importante es conocer la verdadera historia de Tomas el Errante. De cómo él derrotó a la bestia y se convirtió en ella. Y de cómo en su búsqueda de respuestas, se dirigió a Atalheim, llevado allí por la pista que le dieron unos antiguos pergaminos olvidados...

:twisted: :twisted: :twisted:
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Re: El Lamento del Drakwald (contado por Tom el Errante)

Postby Arendal » Fri Apr 13, 2012 6:33 pm

Reunidos en torno a la enorme piedra de la manada, aullamos cantos salvajes y danzamos desenfrenadamente bajo la atenta mirada de las estrellas.
El fuego arde con fuerza, alimentado por la vieja madera de los bosques, los huesos de las víctimas y las hierbas que Daeghor el chamán arroja con un horrible gorjeo cada vez que los pasos de la caótica danza le acercan a las llamas. Algo embota mis sentidos, y en el fondo de mi mente soy consciente de que se trata de drogas y potentes alucinógenos. Y sé que la pequeña partida incursora de hombres bestia está siendo bendecida con visiones de los poderes oscuros, con imágenes de sangre y gloria…

Nada de eso me sucede a mí. La más negra oscuridad se apodera de mi consciencia, de mi alma, mientras lentamente voy perdiendo hasta el último rastro de mi conciencia humana.

Atalheim. Sé que las respuestas se ocultan en las ruinas de la ciudad maldita. Es el último pensamiento humano antes de que la bestia vuelva a apoderarse de mí. Y es el primero cuando despierto.

Yo, el Errante. Jefe de los incursores hombres bestia conocidos como la Compañía Errante, parto hacia Atalheim, en busca de mi destino…



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Daeghor el Oscuro susurró palabras envenenadas al oido de Tom el Errante, y así fue como el joven emprendió su camino a Atalheim...

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Re: El Lamento del Drakwald (contado por Tom el Errante)

Postby Arendal » Wed Apr 25, 2012 7:19 pm

Las antaño imponentes murallas de Atalheim se alzan a lo lejos, como una amenazadora sombra que alerta a los pocos que se atreven a acercarse a no penetrar en su interior.

Extramuros, las ruinas llenas de escombros y surcadas de canales de aguas hediondas ocultan el avance del rebaño de incursores hombres bestia de Tom el Errante, una criatura de leyenda, un cuento de viejas hecho realidad, un ser desesperado que busca entre las ruinas la respuesta a las preguntas que agitan ahora su mente y golpean su alma.

La jauría está inquieta. Avanzan junto a un canal olvidado y olfatean nerviosos el aire nocturno. El centigor Kraven Magahr trota junto a los mastines, golpeando con fuerza sus poderosos cascos contra el suelo de adoquines. Y cada golpe martillea en la cabeza de Tom y agita sus desesperados pensamientos. De repente, la pared del edificio desde el que el rebaño vigila las inmediaciones cae con un terrible estruendo, y varios de los gors resultan atrapados bajo los escombros.

“¡¡Humanos!!”. El rugido de Kraven llega nítido a través de la noche, y el centigor inicia una terrible cabalgada hacia la puerta que se abre entre las enormes murallas, como las fauces de una temible bestia, entre la lluvia de flechas y proyectiles que llega desde el otro lado del canal. La jauría trata de seguir el ritmo del centigor, mientras el rebaño del Errante consigue salir de entre los escombros.

El rostro de Daeghor se retuerce en una maligna sonrisa, y el chamán se lanza en una frenética carga hacia la puerta, donde los mastines se defienden con ferocidad de un enorme oso y varios guerreros armados con afiladas espadas y armas de fuego.


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El caos en las murallas es un baile frenético, y los gors consiguen dar buena cuenta de los humanos, que han puesto en fuga a la jauría. A pesar de su inferioridad numérica, los guerreros humanos se baten con un odio feroz y una valor inquebrantable…
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De repente un terrible estruendo se oye por encima de los ecos de la batalla, como si fuera un trueno que silenciara la tempestad. Uno de los gors cae sobre el suelo de adoquines, apoyándose dolorosamente en la muralla. La sangre mana de una fea herida en el hombro.
El Errante debe elegir. Sus compañeros de manada, en el frenesí de la batalla, parecen dispuestos a perder la vida en combate antes que retirarse... pero su objetivo en Atalheim va más allá de la sangre y la gloria.
Ha venido en busca de respuestas, y no se marchará sin ellas...
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Re: El Lamento del Drakwald (contado por Tom el Errante)

Postby Arendal » Mon May 14, 2012 3:21 pm

Tras la derrota sufrida en la primera partida contra la banda de Mercenarios kislevistas de Dauphin Noir, mis Hombres Bestia se enfrentaron en la siguiente ronda a los Orcos de Coronel Comisario. Un encuentro fortuito en las calles de Atalheim en busca de la codiciada piedra bruja, común moneda de cambio en las peligrosas calles de la ciudad maldita, que se saldó con victoria para el rebaño de Tom el Errante, el Caudillo más hombre que bestia…


Los poderosos cascos golpeaban contra los adoquines de la gran avenida empedrada de Atalheim, resonando con fuerza y anunciando su llegada. Desde las ventanas, abiertas de par en par, la gente se agolpaba y coreaba su nombre. “¡Sir Kraven! ¡¡Sir Kraven!!” El gallardo caballero desfilaba orgulloso, la lanza en alto, el pendón ondeando desafiante, la celada alzada para que todos pudieran observar su hermoso rostro. Y a su paso las doncellas arrojaban flores, sonreían con picardía, con deseo en sus ojos y cálidas promesas en sus labios. “¡¡Sir Kraven de Drakwald!!”…

“Está completamente grogui”, sentenció Daeghor visiblemente enfadado. “Estúpido bruto borracho…”. El chamán golpeo la jarra de latón que reposaba junto al cuerpo del enorme centigor, y el recipiente, completamente vacío, rebotó dolorosamente contra las paredes y el suelo adoquinado.
“Le vi cargar como un loco, acompañado de la jauría”, apuntó Krullgor moviendo la cabeza en señal de desaprobación. “Ese enorme pielverde le dio una buena tunda, y el alcohol no habrá ayudado…”.

“Acercaos, Sir Kraven”. La hermosa princesa le brindó una espectacular visión de su generoso escote al inclinarse sobre él. En unas horas los fastos habrían acabado, y tras la cena en su honor, y con el abundante alcohol que correría en la celebración, podría hacerla suya. Estaba convencido de que la noble y hermosa joven se entregaría con placer a él bajo la luz de la luna…

“Deberíamos dejarle aquí tirado”, propuso uno de los gors llamado Gronkh. “Sus cargas son un peligro. Se lanza a la pelea sin pensar y dejándonos vendidos. Es tonto de remate”.
El Errante no dijo nada. Kraven era un loco borracho peligroso. Y el golpe que había recibido en su enfrentamiento contra los orcos no había hecho nada por mejorar nada de aquello. Sus accesos de locura les ponían a todos en peligro… pero era un combatiente temible y más de una vez había cambiado el destino de una pelea. Y en las peligrosas calles de Atalheim, aquello era lo que al final valía.
“Te harás cargo de él, Gronkh”, ordenó al fin el caudillo hombre-no-bestia conocido como Tom el Errante.
El aludido fue a protestar, pero el líder de los incursores no le dio opción. “Si no lo haces yo mismo te arrancaré los cuernos. A partir de ahora te convertirás en su escudero y te encargarás de que no beba más de la cuenta… ni se pierda por las calles de Atalheim persiguiendo mujeres humanas.”
“Y ahora despiértalo de una vez y pongámonos en marcha. Debemos movernos rápido. Cuando caiga la noche esto estará infestado de malditas ratas…”
Cabizbajo, Gronkh fue a buscar el cubo y se encaminó hacia el pestilente pozo. Despertar a Kraven no iba a ser tarea fácil… ¡convertido en la niñera de un centigor loco y borracho! ¡¡A saber en qué estaba pensando aquella estúpida criatura, vestido con aquella estúpida armadura y portando aquel inútil largo palo decorado!!

“¡Oh, Sir Kraven!”, gimió la muchacha moviéndose frenéticamente a cada embestida. Los rubios cabellos le caían como una dorada cascada y la visión de su blanca espalda arqueándose de placer era una visión tan embriagadora como el más dulce de los vinos…
“Sir Kraven… Sir Kraven de Drakwald…”.

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Re: El Lamento del Drakwald (contado por Tom el Errante)

Postby Arendal » Wed Jun 13, 2012 1:10 pm



-¿¿La Universidad?? –preguntó Daeghor intranquilo. El chamán no parecía aprobar en absoluto la idea de Tom
-La Universidad –afirmó este tajante.
-Pero… ¿qué vamos a encontrar nosotros en allí, salvo que queramos encender una hoguera con los libros? ¡Por Morrslieb, somos bestias, Tom! ¡¡Pezuñas y garras!! ¡¡Pelo, cuernos y colmillos!!
Pero el Errante no estaba dispuesto a cambiar de opinión. Recordaba vagamente que era allí donde los humanos dedicaban horas al estudio de los secretos de misteriosas artes. Era el lugar donde buscar respuestas y quizá, si los dioses del Caos lo querían, un fragmento del libro. Aquel misterioso manuscrito que parecía encerrar todos los secretos que él necesitaba desvelar.
-¡A la universidad! –rugió el caudillo alzando sus dos temibles hachas.
-¡¡A la universidad!! –corearon los gors reunidos a su alrededor
-¡¡Por la dama!! –gritó Sir Kraven saludando con la lanza de caballería que había obtenido (a saber de dónde) recientemente y que portaba con visible orgullo…

* * * * * * * * * * * *

La enorme hacha de Maethor descendió con violencia sobre el cuerpo de la indefensa mujer. En el último instante, la hermana sigmarita rodó sobre sí misma y el peligroso y pesado filo golpeó el suelo adoquinado, levantando esquirlas y sacudiendo el brazo de su portador.
Las sigmaritas habían aparecido entre los callejones, sorprendiendo a la manada. Los incursores hombres bestia se habían defendido con una furia incontenible, pero la inquebrantable fe de las sigmaritas parecía ser capaz por sí sola de inclinar la balanza. El Errante rugía furioso. Al fin había conseguido acceder al edificio principal, y no pensaba marcharse hasta haberlo revisado a conciencia.
-¡¡Aguantad!! –ordenó impaciente.

* * * * * * * * * * * *

Sir Kraven levantó la cabeza y trató de aguzar el oído. Sí, no podía tratarse de otra cosa. Eran los gritos de una mujer en apuros lo que escuchó dos calles más allá.
-Sir Pedivere, mi casco y escudo. Una dama en apuros nos necesita y mi lanza está presta para acudir en su rescate (línea de crédito según Mariano Rajoy).
El gor suspiró resignado. Era evidente que la locura del centigor iba en aumento, pero ¿qué podía hacer él? El Errante le había ordenado vigilarlo de cerca y cumplir con cuanto le pidiera. Le acercó el herrumbroso casco, que contrastaba con el hermoso y decorado escudo que lucía Kraven (Sir Kraven) y que nadie sabía de dónde había salido.
Golpeando con las poderosas patas el suelo, y con la lanza en ristre, el centigor partió al galope. A su alrededor corría alegremente la jauría.

* * * * * * * * * * * *

El impacto de la primitiva maza lanzó a Leonora contra el suelo y escupiendo sangre. La bestia rugió sus ojos ardiendo de ira. La hermana trató de incorporarse penosamente, apoyándose sobre sus doloridos brazos, el hábito, desgarrado y hecho jirones. Giró su hermoso rostro hacia atrás en cuanto escuchó el sonido de los cascos golpeando contra los adoquines, segura de que se avecinaba un nuevo peligro…

* * * * * * * * * * * *
La sola visión de la hermosa novicia inflamó el corazón de Sir Kraven. Indefensa ante la criatura que la atacaba, tratando de incorporarse, la dama le presentaba una magnífica vista de su magnífico trasero. Sir Kraven la salvaría y ella se lo agradecería gustosamente. “¡Por la dama!”, gritó lanzándose a la carga…

* * * * * * * * * * * *

Leonora observó horrorizada como una nueva bestia cuadrúpeda rugía lanzándose contra ella, enfundada en una colorida y brillante armadura. A su alrededor corrían varias mastines del caos. Sabía que estaba perdida si se quedaba allí, pero no pensaba renunciar a sus votos y su fe era inquebrantable.
-¡¡Retirada!! –el grito de Fianna se hizo audible a pesar del caos de la batalla.
Como pudo, Leonora consiguió ponerse en pie y esquivar el torpe ataque del gor, que parecía distraído con la aparición de la nueva criatura. Rápidamente, la hermana se internó en la oscuridad de los callejones y aprovecho su menor tamaño para introducirse entra un pequeño hueco en la pared. Por un instante sintió que un jirón de su túnica se quedaba enganchada. Sin importarle más que su vida, se arrancó como pudo la túnica dejando allí el pedazo de tela para ponerse a salvo...

* * * * * * * * * * * *

Sir Kraven observó apenado cómo la hermosa novicia desaparecía en la oscuridad de los callejones. Y ya creía que no la volvería a ver cuando de repente, entre las ruinas, la dama volvió a aparecer desnudándose para y obsequiándole con una generosa visión de sus hermosos pechos, para volver a desaparecer dejándole como regalo y promesa de futuros placeres un pedazo de tela enganchado entre las piedras.
-Una prenda –sonrió Sir Kraven-. La dama me regala su prenda como muestra de su amor verdadero… Oh, mi dama. Os juro que os serviré siempre y no desfalleceré hasta encontraros de nuevo…




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