La Heredera

Campaña de The Old World

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rockychuelas
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La Heredera

Postby rockychuelas » Thu Apr 04, 2024 6:11 pm

Marionna avanzó rápidamente por los pasillos del castillo mientras acababa con las vidas de los últimos soldados imperiales que se encontraba por el camino. En menos de un minuto llego a un pasillo con unas puertas de roble de más de 3 metros y delante de ellas 4 soldados humanos con gruesas armaduras y unos espadones que blandían con ambas manos.

- ¡Detente monstruo! Grito uno de ellos.

Marionna una mujer que apenas aparentaba más de 30 años, con una larga cabellera negra y que llevaba una armadura muy ornamentada les apunto con su espada, bastante más ligera que la de sus oponentes y con una melodiosa voz les contesto

- Os ofrezco una salida para vuestras miserables vidas, si la acep...

Antes de dejarla terminar, los 4 soldados se lanzaron gritando a por ella. Marionna esbozo una ligera sonrisa de la cual se apreciaban dos colmillos.
En menos de 10 segundos, los cuerpos de los soldados se encontraban destripados y llenando de sangre el empedrado suelo y Marionna abría las pesadas puertas de roble sin apenas esfuerzo.

El Salón que se abría ante ella era lo más lujoso que había visto en su vida. Las paredes estaban cubiertas de cuadros y tapices que representaban batallas pasadas o a miembros de la familia gobernante de Talabheim, habia 3 grandes chimeneas de mármol blanco finamente ornamentadas y una gran mesa de caoba seguramente traida de tierras orientales.


- por favor... Puedo oler tu miedo, asique no hagas más el ridículo Ludwing y sal de debajo de la mesa. Susurro Marionna caminando cerca de la mesa. De improviso un joven de no más de 15 años aparece de debajo de la mesa y apuntando con una pistola dispara sin pensar demasiado pero la bala destroza una pequeña figura tallada en el mármol de una de las chimeneas que estaba situada detrás de Marionna.

- Jajaja eres el pequeño Alfred Kreiglitz. No me digas que tú padre ha huido y ha dejado a su 2° hijo para defender su ciudad.... Que patético.

- ¡MI PADRE NO HA HUIDO! El ha ido al norte a enfrentarse a los invasores.

- Claro, es una pena. Me habría gustado acabar yo misma con su vida. Aunque probar la sangre de una familia noble provoca cierta escitacion en mi... Dijo Marionna acercándose delicadamente al joven muchacho que paralizado de terror se había quedado totalmente quieto delante de la Vampira la cual ya habia empujado la cabeza de Alfred hacia un lado y abría la boca enseñando un montón de dientes afilados

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Re: La Heredera

Postby rockychuelas » Sat Apr 27, 2024 7:12 pm

Dos figuras avanzaban velozmente y en silencio por el angosto pasillo de piedra, una de ellas, un gigante pálido de más de dos metros que llevaba una enorme maza que llevaba apoyada sobre uno de sus hombros, la otra, dos cabezas mas pequeña pero con una apariencia mucho mas terrorífica ya que tenía una especia de membranas que tenía plegadas sobre la espalda.

Tras llegar una puerta entre abierta donde se acumulaban varios cadáveres, entraron a un enorme salón donde en una chimenea crepitaba un leve fuego que iluminaba muy tenuemente la sala. Un sillón de madera se situaba enfrente del fuego con una pequeña figura tirada junto al sillón.

- hermanos... Gracias por reuniros aquí conmigo.

- Marionna, parece que te has acomodado muy rápido en el salón del Conde. Dijo la figura más pequeña con un tono especialmente irónico.

En un segundo Marionna se había levantado del sillón y se habia colocado frente a frente de quien le había hablado así.

- si Johanna, porque yo he dirigido al ejército a la conquista de esta ciudad, no lo olvides. Os recuerdo a ti y ha Corvin como os encontré vagando por las tierras de Ostermark tras la derrota de Konrad... Fui yo quien nos reunió a todos, quién obligo a los nigromantes de Konrad a servirnos a nosotros tras su muerte. Asique si, queridos hermanos. ¡Me he puesto cómoda! Dijo Marionna poniendo especial énfasis en su última frase, enseñando los colmillos y agarrando la empuñadura de su espada envainada.

Pero ni Corvus que ya había apoyado la maza en el suelo ni Johanna hicieron ningún gesto amenazante, más bien todo lo contrario. Sabiendo que quizás ni entre los dos podrían derrotarla con lo que prefirieron agachar la cabeza en gesto de sumisión hacia su líder.

- Parece que no tienes nada que decir, asique seguiré yo. Reúne un pequeño ejército Johanna, mandaré a Bronkast o a Tolgar ha unirse a ti, te vendrá bien tener el apoyo de un nigromante... Es necesario que controlemos las aldeas, granjas y posadas de los alrededores de Talabheim cuanto antes, necesitamos a los humanos para que sigan trabajando y cultivando comida...

Johanna hizo un gesto de asentimiento con una sonrisa lasciva ante la misión que tenía que cumplir y se marchó del salón rápidamente

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Re: La Heredera

Postby rockychuelas » Sun May 19, 2024 5:53 pm

(parte 1)
Kastan se sobresalto al darse cuenta que se había dormido y se le había caído la cabeza contra la madera que formaba la torre del templo de Sigmar del pueblo de Gletwold, un pueblo granjero y con varias granjas de animales que en las últimas décadas había aumentado de tamaño, habian construido un par de posadas, había voluntarios que se entrenaban con armas unas horas a la semana para formar un regimiento de milicia e incluso una pequeña muralla de madera para proteger el nucleo del mismo pueblo. Kastan se estiró con somnolencia y al echar mano al arco y al no encontrarlo, lo empezo a buscar y lo vio en el suelo, se agachó para recogerlo mientras daba por pensaba en que la siesta debía haber sido más larga de lo normal. Al incorporarse, la vista se le dirigió hacia las enormes nubes negras que venían de norte.
En seguida pensó en que venían de Talabheim y que hacia semanas que no llegaban noticias de la capital del condado, pero no le dio más importancia de lo normal porque en esta época tan convulsa tampoco era extraño.

Tras 15 minutos en los cuales Kastan no había quitado la vista de las nubes negras, comenzo a distinguir figuras que se movian en direccion a Gletwold, le parecio distinguir incluso unos andrajosos estandartes con unos colores de los que no reconocía la procedencia, el sudor comenzaba a caerle por la frente, tras unos segundos de panico saco un martillo que llevaba colgando del cinturon y comenzo a golpear la campana para dar la alarma en el pueblo.

Las gentes del pueblo comenzaron a correr por doquier, algunos encerrándose en casa, otros saliendo a la plaza del pueblo con las armas que tenían, unos cuantos milicianos estaban alentando a algunos granjeros que huían de sus casas y buscaban refugio dentro de la muralla del pueblo ya que el ruido de un ejército en marcha llegaba a los oídos de todo el pueblo junto con el de la campana.
Con las puertas ya cerradas, los milicianos armados, las nubes negras ya estaban encima de Gletwold y comenzaban a descargar una fina lluvia que conforme pasaban los minutos iba arreciando más y mas, Kastan que mantenía la vigilancia desde la torre ya aferrado a su arco cargado. Le temblaba levemente la mano que sujetaba la flecha pero el sabía que estaba aterrorizado en su interior. Veía bandadas de animales revoloteando por encima de lo que era el ejército y se oían horribles aullidos de lobo.


El ejército llevaba detenido 10 minutos a un par de centenares de metros del pueblo sin moverse ni hacer ni un ruido, en el pueblo cada vez reinaba mas inquietud.

- Vamos para allá... Ahora ya huelen a miedo de verdad - dijo Johanna a su hermano Corvin. Este le hizo una seña a unos soldados humanos con el uniforme negro y violeta de Sylvania para que fuesen con ellos, los hombres no protestaron a pesar de la lluvia ni nada, agarraron firmemente las alabardas y ballestas con las que estaban armados y siguieron a Johanna y Corvin.


- ¡Habitantes del pueblo de Gletwold! Os hablo en nombre de Marionna Von Carstein, la nueva Condesa del condado de Talabecland.
¡Os exijo en su nombre que abráis las puertas, nos permitáis entrar para hablar con el alcalde y que demuestre la lealtad del pueblo de Gletwold! - grito Johanna con suficiente fuerza para que a pesar de la lluvia todo la gente del pueblo que no estuviese en sus casas pudiese oirla con claridad.



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Re: La Heredera

Postby rockychuelas » Sun May 19, 2024 6:46 pm

(parte 2)

- Vamos a abrir ahora mismo. - dijo Uther, el alcalde cincuentón de anchos hombros e incipiente barriga del pueblo de Gletwold.

- ¡Alto, No hagáis eso! - Grito Kastan mientras saltaba de la torre, cayendo al tejado del templo y deslizando por el mismo para caer al suelo a un par de metros del grupo congregado en la plaza del pueblo.

- Aquí hay algo extraño, estás nubles negras, los aullidos de los lobos y esas bandadas de animales negro que está claro que siguen al ejército. Esto no pinta bien, además todos hemos oído los rumores sobre Sylvania y los Von Carstein, seguro que quer....

- ¡Oh vamos por favor Kastan! Jajajajaja en serio vas a contarnos esos cuentos de viejas para asustar a los niños. Todos sabemos que eso siempre fueron habladurías. - dijo Uther entre risas de varios de los milicianos que estaban ahí reunidos.

- No no no, nunca fueron solo rumores o habladurías, mi abuelo lucho en la guerra contra Vlad von Carstein y mi padre siempre decia que tras la guerra nunca volvió a ser el mismo, apenas salia de casa, atrancaba puertas y ventanas por la noche y siempre tenía una estaca debajo de la almohada. - Enfatizó Kastan ya visiblemente nervioso

- Callate ya Kastan, tu abuelo olvidó loco de la guerra. Pero tampoco es extraño, mucha gente vuelve traumatizada de la guerra y no significa que se hubiese encontrado con duendes, brujas o vampiros...

Entonces se oyó otro grito que provenía de fuera del pueblo.

- ¡Este es vuestro ultimo aviso! ¡Si no nos abrís la puerta ya, entraremos nosotros!

Uther hizo un rápido gesto a unos hombres y se dirigieron rápidamente a la puerta para abrirla. Los hombres se pusieron a los lados de la calle principal, dejando al alcalde en el centro de la calzada solo con Kastan detrás de el a varios metros. Tras abrir la puerta, Johanna y Corvin entraron en el pueblo seguidos por 30 soldados de Sylvania. Uther estaba rojo y el sudor le caia a chorro por la frente pero mantenía la compostura a pesar del pánico que sentía conforme esas dos figuras se le acercaban con sus extrañas armaduras, tenían un aura negra a su alrededor que hacía que le temblasen las rodillas y esos ojos rojos...

- Bi-bi-bienvenidos a Gletwold, yo soy Uther su alcalde... Tartamudeo Uther

- Gracias buen señor, me alegro que no nos halláis obligado a usar la fuerza. Dijo Johanna con una sonrisa picaresca en el rostro.

Antes de que Uther pudiese decir nada más, Johanna continuo.

- Además estoy segura que mi hermana, la Condesa no quiere que sus nuevos súbditos sufran ningún daño. Ella misma me aseguro que quiere que todos los pueblos y ciudades de Talabecland crezcan y prosperen bajo su tutela.

- Desde luego que si, estamos deseando. Que la nueva Condesa vea lo que Gletwold es capaz de conseguir, nuestras cosechas son muy abundantes y las granjas son prósperas, criamos vacas, galli... Pero antes de que pudiese seguir Uther, Johanna le puso un dedo en los labios a Uther delicadamente.

- shhhh calla ya, para que veas tu poder más consolidado en Gletwold hemos pensado dejarte estos soldados estatales de Sylvania que te permiritar afianzar tu poder sobre este pueblo gracias a nosotros y además ahora mismo no me interesa todo eso de las granjas... ahora mismo me interesa saber si en este pueblo hay alguien que te ocasione problemas a ti o que nos pueda ocasionar problemas a nuestro gobierno en el futuro.

Uther aturdido tanto por el frío tacto del dedo de Johanna en sus labios como por lo que le acababa de decir, no sabía que decir mientras pensaba rápidamente en todo. Pero tras una breve pausa se atrevió a contestar

- Tengo un nombre ... Kastan, el hombre que lleva un arco detrás mío. Intento que no os abriesemos las puertas con la tontería de que erais vampiros o brujas o chorradas así.

Johanna levantó la mirada hacia el único hombre que estaba ahora mismo detrás de Uther, clavo sus ojos rojos en el, se relamio al vislumbrar su buena forma física de la que iba a ser su proxima presa

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Re: La Heredera

Postby rockychuelas » Tue Jun 11, 2024 9:45 am

Dipper se arrastro intentando hacer el menor ruido posible entre los diversos cadáveres de sus compañeros de regimiento, los cuales estaban esparcidos por el campo donde se había librado una pequeña escaramuza. Pero entonces noto como uno de ellos se empezó a incorporar poco a poco. Preso de la emoción y la sorpresa, Dipper se incorporo también y fue corriendo hasta su compañero en pie.

- ¡August estás vivo! Menos mal pensaba que era el único que .... - cuando llegó hasta el vio que le faltaba media cara y el único ojo que le quedaba brillaba con un tono verdoso.

- ¡Que cojones es esto! Grito Dipper al ver esa monstruosidad, pero entonces se dio cuenta que August no era el único que se había puesto en pie. Todos sus antiguos compañeros del 6° Regimiento de Lanceros "Las águilas desafiantes" de Talabecland estaban en pie pero no estaban vivos...


Johanna aparto sus colmillos del cuello del soldado que le acababan de traer y dejó caer el inerte cuerpo al suelo.

- Estos muchachos jóvenes y bien criados son una delicia... Mucho mejor que los granjeros raquíticos de Sylvania, ¿no crees Corvus?

Corvus asintió sin mediar palabra y entonces Johanna hizo un gesto a Tolgar el nigromante para que se acercase.

- Ya tienes repuestos para las perdidas de la batalla, espero que no vuelvas a quejarte de los pocos cuerpos que te proporcionamos.

- Espero que siga así, no quiero tener que quejarme a la Condesa Marionna de los pocos avances del ejército.

Tras ese comentario, el nigromante se dio la vuelta y se marchó, dejando a Johanna ciega de rabia. Recogió su espada y se dirigió hacia el nigromante para destrozarlo por su insolencia pero entonces Corvus se puso en medio.

- Quieta hermana, no se te ocurra hacer lo que estás pensando. Recuerda lo que te dijo Marionna. Para bien o para mal necesitamos a los nigromantes para mantener los ejércitos.

A pesar de toda la ira que sentía, Johanna se contuvo pero en cuanto se dió la vuelta y vio a un hombre de mediana edad, con barba que empezaba a ser canosa que sujetaba una pequeña imagen de un niño, seguramente algo que el mismo se tallo para acordarse de lo que Johanna supuso que era su hijo, hace unas horas valiente soldado imperial ahora prisionero suyo, se acerco a el y sin mediar palabra le atraveso la cabeza con la espada a la altura del entrecejo.

Mucho más relajada, Johanna se sentó en una butaca junto a Corvus.

- Menudo desperdicio... Susurro Corvus, cuando se vio interrumpido por el sonido de un caballo que se aproximaba, cuando llegó a su lado, un hombre con los colores amarillo y rojo del Condado de Talabheim se bajó del caballo y colocandose frente a los dos hermanos comenzo a hablar.


- En nombre de la Condesa de Talabheim Marionna Von Carstein, está os ordena regresar a la Talabecland, la capital de su reino a defenderla de una invasión de hombres del norte que se atreven a amenazar su reino, ya que ella se dirige con su corte a Altdorf por temas politicos. También os recuerda que vuestros fracasos a la hora de mantener el orden en su territorio la ha decepcionado de sobre manera y espera un éxito contra los invasores sino deberá tomar medidas.

Tras acabar, el hombre entregó un pergamino a Johanna cerrado por un sello que no reconoció pero que dio por hecho que lo había elegido como símbolo si hermana Marionna. El hombre se volvió a subir al caballo y se marchó sin mediar más palabras.

- Menuda hija de puta.... Ahora me ordena que defienda una ciudad que no me importa nada mientras ella se va a Altdorf, seguramente a embaucar a algún noble o príncipe o algún imbécil para buscar afianzar su poder como Condesa.

- Cuidado Johanna con como hablas de nuestra hermana, puede tener espías y oídos aquí en el ejército.

Johanna miro de soslayo a su hermano.

- ¿Tu crees? No me fío del nigromante pero si desde luego descubro que es un espía de Marionna lo ensartare en una pica y lo colocaré a las puertas de Talabecland.

- Yo solo te advierto hermana, ten cuidado...


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